Respuesta a la globalización: similitudes y diferencias entre los gobiernos izquierdistas de América del Sur.

Respuesta a la globalización: similitudes y diferencias entre los gobiernos izquierdistas de América del Sur

Los diferentes actores de la izquierda política, sean partidos, personalidades o movimientos, proponen que la sociedad debe velar por la protección de los sectores más desfavorecidos, con miras a garantizar un sano equilibrio social.

Sin embargo, más allá de cualquier diferencia, aquellos mandatarios tenían al menos dos cosas importantes en común: la conciencia de que su ascenso al poder obedecía en gran medida a una reacción popular contra el Consenso de Washington, que en la década anterior había implantado el neoliberalismo más feroz en todo el subcontinente con el resultado de un aumento sin precedentes de la pobreza y la desigualdad. Y la convicción de que debían mantener buenas relaciones institucionales entre ellos y avanzar en la integración regional o, como algunos manifestaban con grandilocuencia, en la construcción de la “Patria grande”. Este espíritu cristalizó en 2011 con la entrada en funcionamiento de Unasur, organismo con sede en Brasilia que pretendía de algún modo liberar a la región de la tutela de EEUU. Los líderes más influyentes en el grupo eran Lula y Chávez, quien siete años antes había promovido la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), con la participación de los “estridentes” Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua.

Si bien en México López Obrador puso fin a un largo período de presidencias que se pueden ubicar en el espectro del centro-derecha, en los casos de Argentina, Bolivia y Ecuador las fuerzas de izquierda que resultaron ganadoras no eran nuevas para los ciudadanos. Estos procesos electorales parecen indicar que no corren buenos tiempos para la derecha en América Latina.

Con independencia de lo que suceda en ambos países, el interrogante es qué implicaciones tendrá esta nueva oleada de gobiernos de izquierda, sobre todo si se considera que algunas circunstancias han cambiado desde el anterior 'giro'. La situación económica se ha agravado, aún más si cabe, por los efectos de la pandemia del COVID. Los precios de las materias primas siguen estancados, lo que dificultará la ejecución de políticas sociales ambiciosas.

Algunos expertos hablan ya de un “segundo giro a la izquierda” en América Latina, pese a que también se han producido vuelcos en el sentido contrario, con las victorias de Bolsonaro en Brasil, Lacalle en Uruguay, Lasso en Ecuador y Abinader en República Dominicana. El calendario electoral de 2022 contempla dos citas de enorme trascendencia para la configuración del tablero político regional. En mayo habrá comicios presidenciales en Colombia, socio privilegiado de EEUU en el subcontinente y único país sudamericano que no ha tenido un gobierno de izquierdas. Todas las encuestas otorgan una ventaja abrumadora al exguerrillero izquierdista Gustavo Petro, aunque está por ver si consigue los votos suficientes para doblegar a las potentes maquinarias clientelares que harán hasta lo imposible por cerrarle el paso. 

Actualmente, luego del giro “light” a la derecha, emerge una nueva ola de gobiernos de izquierda de diferente naturaleza, con programas, objetivos y visiones diversas, aunque dependiendo de la realidad de los países. Esto, por no hablar de su visión del mundo globalizado e interconectado económica y geopolíticamente.

El primer eje para analizar esta nueva nueva izquierda es la evidente heterogeneidad de su naturaleza y sus objetivos programáticos. Más allá del mote “izquierda”, una primera mirada advierte tonos bastante disímiles entre lo que encarna una izquierda representada por Boric y Petro respecto a la izquierda de Castillo y, todos ellos con la muy posible vuelta de una izquierda lulista, siempre considerada icónica en el mapa de la izquierda latinoamericana.

Se podría definir a Boric y a Petro como una izquierda con tintes socialdemócratas, pero intercalada fuertemente con reivindicaciones posmateriales que devienen de nuevas subjetividades sociales. Mientras tanto, la izquierda peruana tiene un discurso, al menos electoralista, de corte marxista, mixturado con cosmovisiones propias de las tradiciones serranas e indigenistas, muchas de ellas muy conservadoras culturalmente.

El segundo eje de análisis pasaría por advertir los marcos estructurales en que se desplegaría esta nueva izquierda. Parece claro que Boric y Petro recogen las demandas sociales producto de sociedades pujantes económicamente, pero adalides de las inequidades sociales que delinean a la región. Son portavoces de un cambio generacional muy dinámico en sus respectivos países que salió al espacio público a exigir un nuevo “orden de las cosas”.

Estas nuevas generaciones demandan política pública respecto a lo que debe ser una vida justa: medio ambiente, género, sexualidades, minorías, control de las propias vidas. Es decir, piden libertades. Y eso es nuevo en la historia de las izquierdas de la región. Son libertades liberales y tienen toda la carga que el concepto político de liberalismo tuvo siempre en la izquierda latinoamericana.

A su vez, en el terreno de los valores políticos, América Latina no ha escapado a la tendencia global de desarraigo con la política y de cuestionamiento de las élites políticas acuciadas por numerosos casos de corrupción. El malestar con la democracia representativa y las políticas desarrolladas, así como el incremento de la desafección se vio reflejado en una escalada de protestas que llevaron a que 2019 fuera un año de enormes estallidos sociales en diferentes países latinoamericanos.

Este es el escenario en el que aparece la COVID-19, la cual viene a agravar la desigualdad social a la vez que visibiliza el impacto negativo que tuvieron las políticas de recortes del gasto público en el sector sanitario y las privatizaciones defendidas por el neoliberalismo y, en términos generales, por actores políticos más próximos a la derecha.


 


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